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Poema sin nombre de una noche sin luna para un niño que muere en Palestina

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Poema sin nombre de una noche sin luna para un niño que muere en Palestina

Me persigno
pero no me resigno
no me puedo resignar
porque fui vejada
dura e injustamente
vejada
y brutalmente forzada
a cerrar los ojos
cuando estalló la bomba
en tu escuela
o cuando se llevaron a tu hermano
o cuando creí,
inocentemente,
que el muro que alzaban
los detendría.
Fui engañada
buscando los aromas de las especias de Gaza
o las mezquitas de Jerusalém
o las paredes en ruinas de sus templos
pero sólo hallé mezquinos ojos
que conjuraban palabras vacías
y fétidos olores que escapaban de los cuerpos.
Y de la gente de los libros
sólo retazos y miembros
y de su místico pueblo
sólo el polvo
y cadáveres de niños de ojos bien abiertos
y la certeza
la maldita certeza que me golpeó la frente
con sus mil esquirlas de plomo
y me alojó en el alma la verdad.

Jimena Pintos
http://eldetalleinfinito.blogspot.com/

Referencia: Jimena es poeta, narradora, docente y miembro de la Sociedad Internacional de Intelectuales Sartreanos en defensa de la Humanidad.
Buenos Aires, Argentina
________________________________________________

Citamos a Don Agustín Marcenaro (Argentina):

Balas y disparos

Jamás las balas escucharon el disparo...ya habían impactado....

Como balas que no escuchan los disparos, la gente no escucha al hambre que aturde en corazones fríos colgados del suelo árido de las tierras infértiles que el norte no deja florecer.
Silencio presente en recorridos ruidosos, callado en su centro se vacía por dentro, es un pozo de calles y cordones de veredas ambulantes con testigos mudos.
Fracciones de tiempo herido que van muriendo en plena vida, que van sangrando sus heridas con tragedia enriquecida.
Los consuelos tragan venenos de bichos espesos que crecen deformados con los puños lastimados de pegar a los pegados.
Esperanzas indefensas se pierden con la niebla que generan los que visten con orgullo la codicia.
Fantasmas de hielo derriten los huesos de envestidos guerreros, de quienes amaron la tierra y murieron por ella.

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