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Padre

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Padre

El arma nueva del hogar;
La cuchillera
con más de mil tipos
de muerte inducida:
Filosos tradicionales,
para las venas espías
que buscan el grito
y la hueste,
deslizarse como raíces,
y como tales aparentar
ser del árbol más frondoso.

Los clásicos también existen
y se encuentran en el centro.
Me imagino que su uso
no varía mucho;
el gato que amenaza
con ser hombre,
el hombre que amenaza
con subir la pandereta,
entrometerse sigiloso
en la cama,
por la boca apoderarse
de las vértebras
e inducir la muerte
con un espasmo inesperado.

El mango de los contemporáneos
es de real interés por su comodidad;
entrega el tiempo necesario
para el arrepentimiento.
Tienen apariencia modesta,
pero cuando intentas rozarlos
con alguna víscera,
se descubre su verdadera identidad:
moles petrificadas,
genocidas arterias
en busca del pensamiento vacilante.



Los complementarios;
serruchos minúsculos
en busca de aniquilar
los últimos huesos
que no han terminado
de calarse.

Padre;
No traigas este tipo de armas al hogar.


Marianela Osorio

http://marianela-poetistica.blogspot.com/

Chile

______________________________________


Citamos a Pablo Neruda

Galope muerto

Como cenizas, como mares poblándose,
en la sumergida lentitud, en lo informe,
o como se oyen desde el alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya parte del metal,
confuso,pesando, haciéndose polvo
en el mismo molino de las formas demasiado lejos,
o recordadas o no vistas,
y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra
se pudren en el tiempo, infinitamente verdes.

Aquello todo tan rápido, tan viviente,
inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma,
esas ruedas de los motores, en fin.
Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol,
callado, por alrededor, de tal modo,
mezclando todos los limbos sus colas.

Es que de dónde, por dónde, en qué orilla?
El rodeo constante, incierto, tan mudo,
como las lilas alrededor del convento,
o la llegada de la muerte a la lengua del buey
que cae a tumbos, guardabajo, y cuyos cuernos quieren sonar.

Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir,
entonces, como aleteo inmenso, encima,
como abejas muertas o números,
ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar,
en multitudes, en lágrimas saliendo apenas,
y esfuerzos humanos, tormentas,
acciones negras descubiertas de repente
como hielos, desorden vasto,
oceánico, para mí que entro cantando,
como con una espada entre indefensos.

Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas
que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?
Ese sonido ya tan largo
que cae listando de piedras los caminos,
más bien, cuando sólo una hora
crece de improviso, extendiéndose sin tregua.

Adentro del anillo del verano
una vez los grandes zapallos escuchan,
estirando sus plantas conmovedoras,
de eso, de lo que solicitándose mucho,
de lo lleno, oscuros de pesadas gotas.

Primer poema de "Residencia en la Tierra"

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